El fallo fundamental de todos los planes de negocio

Una de las razones más habituales para la quiebra de nuevos negocios es que la realidad del mercado no se ajusta a la expectativa del emprendedor por lo que, cuando se acaba la inversión inicial, la empresa es incapaz de mantenerse y termina cerrando en pocos meses. Aunque parezca una paradoja, la única forma de evitar esto es dejar de lado el plan de negocios.

Sé que lo que digo choca con lo que probablemente hayas leído en mucho libros y foros o lo que te haya contado cualquier asesor e incluso un amigo bienintencionado, pero créeme, ya que te hablo desde la experiencia de haber montado varias empresas y haber visto cómo unas cuantos propias y ajenas no conseguían salir adelante.

El problema del plan de negocio es que parte del error de que lo que necesitas para arrancar es capital y, por tanto, una herramienta para convencer a los inversores y captar ese dinero. Aquí es donde aparece el plan de negocio, como un documento mágico en el que puedes reflejar unas expectativas de ventas y un crecimiento que convencerá a cualquier escéptico de la gran oportunidad que tenemos entre manos. Pero en esa misma dinámica es donde aparece el problema porque, lejos de ser una auténtica herramienta de previsión, el plan de negocio se convierte en un mecanismo de auto-engaño. Si las proyecciones no cuadran, basta con ampliar el número de clientes por unidad de tiempo para que lo hagan.

Vamos a montar una pizzeria de barrio. La inversión inicial es de 130.000 € y vamos a recuperar ese capital en dos años porque prevemos una facturación mensual de 22.000 € mensuales. Bueno, no parece mucho. Si lo dividimos por 30 pues son… algo más de 700 € al día. Se puede hacer, no hay problema.

Oye. ¿Has pensado lo que cuesta generar 700 € de caja sostenidos TODOS LOS DÍAS? ¿Has caído en la cuenta de que no todos los días de la semana son iguales? ¿Has pensado que con un pedido medio de 15 o 20 € por cliente, necesitas más de 30 ventas todos los días? Sobre el papel pensar que en un restaurante pueden entrar 30 personas al día suena muy razonable, pero los negocios tardan un tiempo en generar interés y, como acabo de señalar, no todos los días y todas las épocas del año son iguales. El plan de negocio, sin embargo, al no ser más que una fantasía con números lo aguanta todo y puede decir lo que quieras.

Dedicar semanas o meses a elaborar un plan de negocio que no se sustenta en ninguna experiencia es una pérdida de tiempo y un engaña-bobos. Pero te lo recomiendan en todas partes y es una forma de alimentar el entusiasmo emprendedor, por lo que es algo que, de forma más o menos elaborada, hacen casi todos los emprendedores. Y los que no lo hacen no es porque no se lo crean, sino porque llega un momento en que anotar en una casilla la estimación de amortización de inversión en maquinaria o el cálculo de retenciones de impuestos sobre nóminas empieza a dejar de tener gracia y parecerse más a un ejercicio de contabilidad que a una aventura empresarial. ¡Y yo estoy aquí para hacer pizzas, que se me da muy bien, no para hacer números que para eso contrataré una gestoría!

La solución a este problema es que dejes de lado el plan de negocios y te es un baño de realidad con un proyecto piloto que requiera una financiación tan baja que puedas aportarla tu mismo. Si tu prueba es capaz de salir adelante, cubrir sus propios costes y generar beneficios para seguir adelante, es que tu idea y tu percepción del mercado eran correctas. Si no, el golpe te lo has dado con una cantidad asumible que no ha puesto tu economía o la de tu familia en un compromiso. Y es que son muchas las familias arruinadas por un “plan de negocios” fantástico que nunca se cumplió y se llevó todos los ahorros, dejando un crédito pendiente o una hipoteca ampliada.

Hay gente que se dedica a hacer negocios así. Y hay muchos que piensan que lo de ser emprendedor consiste en dibujar una gran idea, dar el pelotazo con un inversor y conseguir el dinero. Algunos lo hacen con inversiones privadas y otros con subvenciones y premios estatales. Luego, al cabo de 3 o 4 años, cuando se acabe el capital, o los trabajadores contratados han conseguido levantar la idea de alguna forma, o uno se va con la medalla de ser “emprendedor” y una amarga reflexión sobre lo duro que es el mercado o las oscuras fuerzas que operan para torpedear a los jóvenes emprendedores. No te engañes… te has hundido porque no tenías ni idea de lo que hacías y la cosa se acabó cuando agotaste el capital inicial.

¿Y qué pasa si no puedo asumir la inversión inicial? Porque no es fácil montar una pizzeria con unos pocos miles de euros. La solución es que te pongas a trabajar en la pizzeria de otro hasta que aprendas el negocio y generes el capital para montar la tuya propia. Si, es un freno al entusiasmo. Pero piénsalo de esta manera: si no eres capaz de que te contrate otro, es que no tienes las competencias para ser pizzero. ¿Vas a invertir en un negocio que desconoces hasta ese punto?

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